SI JESUS ES DIOS…. ¿Por qué oraba a Dios? – Parte 64

JESUS ORABA 4Jesús oraba al Padre

Las Escrituras no niegan la humanidad del niño de carne y hueso que nació en Belén. Note la sencillez de vida en la que el niño habría de crecer:
“Mantequilla y miel comerá él para cuando sepa rechazar lo malo y escoger lo bueno” (Isaías 7:15 -Versión Nuevo Mundo-).
El niño llegó a este mundo con una doble naturaleza, él fue 100% humano y 100% divino, como humano tenía la posibilidad de pecar:
“… porque no hay hombre que no peque” (1 Reyes 8:46 -Versión Nuevo Mundo-).
Como hombre tuvo hambre, frío, sed, sintió tristeza, dolor: Jesús lloró. Y como todo hombre necesitó de Dios. El fue un hombre como todos, pero con naturaleza divina:
“… fue probado en todo sentido igual que nosotros, pero sin pecado” (Hebreos 4:15 -Versión Nuevo Mundo-).
Por su nacimiento entró a formar parte de nuestra humanidad. Fue circuncidado, educado según las exigencias de la Ley, cumplidor de toda justicia. Cumplió la Ley a la perfección, a fin de redimirnos de la esclavitud y la maldición que ella ocasiona a quienes no podíamos cumplirla. Fue tentado en todo, pero sin pecado. Satanás (conocedor de la Biblia), intentó con ella tentar su humanidad, pero él se sujetó al Padre, -en todo-, porque:
“… aunque existía en la forma de Dios, no dio consideración a una usurpación, a saber, que debiera ser igual a Dios. No; antes bien, se despojó a sí mismo y tomó la forma de un esclavo y llegó a estar en la semejanza de los hombres..” (Filipenses 2:5-7 -Versión Nuevo Mundo-).
Debes prestar demasiada atención a esta traducción para lograr entender el significado del texto; trataré de esclarecerlo:
Usurpación = robo – abuso: Lo que el texto dice es que Jesús no quiso robar ni abusar de los atributos que tenía. ¿Cuáles? A saber, que debiera ser igual a Dios, pero no, antes bien, se despojó (¿de qué?) de su naturaleza divina y llegó a estar en la semejanza de los hombres:
Pero Su humillación no invalidó la esencia de Su Ser:
“… Más que eso, al hallarse a manera de hombre, se humilló y se hizo obediente hasta la muerte, sí, muerte en un madero de tormento” (Filipenses 2:8).